Organizaciones vivas, memoria y propósito
Amamos lo que conocemos.
Y cuidamos lo que amamos.
Este episodio nace de un gesto simple: detenerme bajo la sombra de un árbol y darme cuenta de que no sabía su nombre. Ese pequeño “darme cuenta” abrió una pregunta más grande:
¿Cuánto recibimos sin conocer la historia de lo que nos sostiene?
Pensar la organización como un árbol
Este episodio invita a una observación consciente:
Raíces: el propósito, la historia, la identidad que la sostiene
Tronco: la estructura, los procesos y acuerdos que la mantienen en pie.
Ramas: los equipos, diversos y conectados
Frutos: el valor que ofrece al mundo
Sombra: el impacto que genera en personas, comunidades y entornos
Cuando una organización se piensa como un árbol, deja de ser solo una estructura. Se vuelve un organismo vivo que aprende, cuida y evoluciona.
Algunas culturas lo supieron siempre.
Los árboles no solo dan sombra o frutos: guardan memoria.
Relatos antiguos dicen que los árboles unen la tierra con el cielo, que contienen la vida, que conservan historias escritas en sus arrugas. Para leerlas, hace falta algo esencial: tiempo, escucha y conciencia.
Nombrar cambia el vínculo.
No se puede amar lo que no se conoce.
Desde esa mirada, el puente hacia las organizaciones aparece casi naturalmente.
¿Qué pasaría si las organizaciones también guardaran su historia en sus procesos, en sus decisiones, en sus silencios?
¿Qué memorias viven en ellas?
¿Quién las cuenta… y quién las escucha?
Las organizaciones, como los bosques, se transforman según el lugar que ocupan en la economía, en el mercado, en la urgencia. Algunas fueron frondosas y abundantes; otras hoy intentan reconstruirse después de haber sido taladas por la presión, la prisa o la falta de conciencia.
Una Invitación final
Tomá un lápiz.
Una hoja en blanco.
Y escribí la historia de tu organización como si fuera un árbol.
Porque no se cuida lo que no se conoce.
No se ama lo que no tiene historia.
Tal vez no se trate de cambiar todo,
sino de volver a mirar lo que ya está.
Nombrarlo.
Reconocerlo.
Y desde ahí… volver a enamorarnos.
Cuidar la cultura es cuidar el árbol.
Podemos acompañarte a escribir el árbol de tu organización mediante un cuaderno descargable.
Dejate guiar con preguntas que inspiren.
Clic aquí para acceder al cuaderno descargable