La pared y el propósito
A veces una historia nos permite mirar nuestra propia vida —y nuestras organizaciones— desde un lugar nuevo.
Este episodio nace al ver un documental sobre Alex Honnold, el escalador que subió El Capitán, en Yosemite, sin cuerdas. Una pared de casi mil metros de granito vertical donde no hay margen para el error.
Pero más que la hazaña, lo que me impactó fue el proceso.
Durante años Honnold se preparó para ese momento. Escaló la pared decenas de veces, estudió cada tramo, registró cada movimiento y trabajó con su miedo hasta conocerlo profundamente. Porque cuando la vida depende de un punto de apoyo, no hay lugar para la improvisación. Solo queda la práctica, la disciplina y la presencia.
Ese ascenso que el mundo vio en pocas horas fue, en realidad, la consecuencia de ocho años de preparación silenciosa.
Al observar esta historia aparece casi naturalmente una pregunta:
¿Para qué nos estamos preparando cada día en nuestras organizaciones?
Las empresas también se entrenan.
Se entrenan en sus hábitos, en sus procesos, en sus conversaciones y en la forma en que las personas habitan su trabajo cotidiano.
Cada decisión, cada reunión, cada práctica diaria está preparando algo.
La pregunta es si ese entrenamiento nos acerca realmente a la cima que decimos querer alcanzar.
Muchas veces hablamos de metas: crecer, innovar, transformarnos. Pero pocas veces nos detenemos a observar si estamos desarrollando las capacidades, la disciplina y la conciencia necesarias para sostener aquello que queremos lograr.
Porque el propósito no se conquista solamente con intención. Se revela en el camino.
En la práctica sostenida.
En la claridad de la meta.
En la coherencia entre lo que decimos y lo que hacemos cada día.
A veces miramos una montaña y la cima está cubierta de nubes.
No se ve.
Eso no significa que la cima no exista.
Significa que todavía no tenemos la perspectiva suficiente para verla.
Con el propósito ocurre algo parecido.
Muchas veces el propósito no aparece antes del camino.
Se revela mientras lo recorremos.
La práctica, la disciplina y el tiempo van despejando la niebla hasta que, poco a poco, la cima comienza a mostrarse.
Este episodio es una invitación a detenernos un momento y preguntarnos:
¿Cuál es la pared que estoy escalando hoy?
¿Para qué vale la pena escalarla?
¿Qué práctica diaria puede acercarme a esa cima?
Porque algunas cimas no se conquistan.
Se revelan a quienes están dispuestos a recorrer el camino con conciencia.
Podemos facilitar explicitar el propósito de tu organización y co-diseñar los procesos con método para llegar a la cima.